Archivo del Autor: Fernando Urías

Flip-Flop

El pasado viernes 13 de enero, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) colgó en su web un vídeo en el que denunciaba el incumplimiento del Partido Popular (PP) de su promesa electoral de no subir los impuestos. El PP contraatacó horas después con otro vídeo alusivo a la ocultación por el PSOE del dato real del déficit, que de acuerdo con sus cálculos era del 8% en lugar del 6% previsto y mantenido públicamente por el anterior gobierno.

Las palabras o imágenes de un candidato –en ambos vídeos se repasaba no sólo las afirmaciones de los dos cabezas de lista en las anteriores legislativas, sino también las del resto de sus mas cercanos colaboradores– pueden utilizarse en contra suya para demostrar que se trata de una persona poco o nada fiable –en el modelo de campaña electoral mediática la discusión de las ideas ha cedido su privilegiado lugar de antaño al debate en torno a las cualidades, o su falta, de los candidatos–, se ha desentendido de sus promesas o ha cambiado de opinión, repentinamente y sin dar explicación alguna, en un tema importante.

El empleo de este recurso se conoce con el nombre de Flip-Flop y es casi tan antiguo como el spot electoral (los primeros “verdaderamente” modernos, creados para mimetizarse con el resto de los anuncios comerciales del naciente medio televisivo datan de 1952 y de la campaña que llevó a la presidencia de EEUU al general y candidato republicano Ike Eisenhower). Sólo cuatro años después, en las presidenciales de 1956, que también ganó Eisenhower, el Partido Demócrata y su candidato Adlai Stevenson –muy reacios, por cierto, tanto al nuevo medio como al nuevo concepto de propaganda electoral– alumbraban el primer spot flip-flop de la historia.

El Flip-Flop ha llegado a convertirse en uno de los principales recursos temáticos al alcance de los estrategas electorales. Su eficacia persuasiva se basa en el supuesto de que la incoherencia o inconsistencia de un candidato activa actitudes latentes de rechazo en el electorado hacia quien manifiesta una contradicción tan flagrante entre lo que dice y hace (o llevado al extremo, hacia quien manifiesta una coherencia aterradora entre lo que dice o piensa y hace o decide: en el spot Same, de la campaña de Obama de 2008, se verá un ejemplo de esto último). Simple, el spot flip-flop elude matices y facilita la comprensión de su mensaje presentando dos realidades opuestas y excluyentes.

En EEUU, las campañas electorales hacen un uso extensivo e intensivo del Flip-Flop, imprescindible en el diseño de estrategias de ataque o contraste. Así ocurrió en las últimas presidenciales de 2008. Con el recurso al Flip-Flop, Obama consiguió: 1. situar a McCain fuera de la realidad de sus conciudadanos; 2. contrarrestar su mayor experiencia política exagerando sus “reconocidas” carencias intelectuales –en este esquema argumental, la elección de Sarah Pallin como candidata a la vicepresidencia lo confirmaría–; y 3. caracterizarle como un epígono de Bush, algo que el propio McCain intentó evitar a toda costa durante la interminable campaña.

Los tres siguientes spots, Fundamentals, His choice y Same, ejemplifican, respectivamente, cada uno de esos objetivos.

Sin llegar al abuso de las presidenciales estadounidenses, rara es la campaña electoral española que no recurre al Flip-Flop en algún momento. Durante la precampaña de las últimas legislativas de noviembre del pasado año, el PP emitió un spot flip-flop –sólo en internet– con el que pretendía demostrar la vacuidad de las promesas de Alfredo Pérez Rubalcaba a la luz de sus actos previos (es importante señalar que el esquema temporal del spot flip-flop clásico es retrospectivo –esto es, los hechos de un candidato confirmarían la falsedad de sus promesas anteriores– mientras que en el spot del PP éste es prospectivo: las acciones del candidato socialista sirven de pista para saber que no cumplirá sus promesas).

En otras ocasiones, el Flip-Flop es la estrategia principal –cuando no única– de la campaña de spots electorales. Es lo que está pasando en las primarias del Partido Republicano, con Newt Gingrich como diana de los ataques. En el siguiente spot, la víctima se convierte en el verdugo de quien hasta su derrota en Carolina del Sur era el favorito indiscutible para disputar la presidencia a Barack Obama, Mitt Romney.

Hay spots flip-flop que, por su economía de recursos y fuerza expresiva (y persuasiva) de sus imágenes, se han convertido en clásicos del género. Es el caso del spot Shifting Nixon, del candidato demócrata en las presidenciales de 1968 Hubert Humphrey. En este caso, un veleta con la efigie de Richard Nixon es la metáfora que resume el constante flip-flopping del canditato republicano y futuro presidente de los Estados Unidos.

Las campañas más recientes también han dejado “clásicos modernos” para la posteridad. Uno de los más conocidos es, sin lugar a dudas, el spot de Bill Clinton, para las presidenciales de 1992, Second. El esposo de la actual Secretaria de Estado de la Administración Obama recupero una célebre promesa del entonces presidente Bush, “Read my lips: no new taxes” –y que formaba parte no sólo del imaginario político del conservadurismo sino también del conjunto del conjunto de ciudadanía: a fin de cuentas fue uno de los eslóganes que le  llevó a la victoria, como cuatro años después haría lo propio con Clinton la proclama “It’s the economy, stupid”–, para armar un spot flip-flop demoledor.

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Bajo el fuego amigo: todos contra Newt Gingrich

El primer asalto de las primarias del Partido Republicano, el Caucus de Iowa, ha concluido con una valoración unánime. Que las cosas están como al principio –cabría decir que con el mismo grado de confusión, excepto para la favorita del movimiento Tea Party, Michele Bachmann, que ya ha anunciado su retirada–, que Obama sigue teniendo margen para continuar con su campaña –a la que ha dado un nuevo giro “izquierdista”, al menos en lo que al tono, posiciones políticas y temas se refiere (su discurso en Osawatomie, Kansas, en el corazón de la América profunda, lo ejemplifica: recomiendo la lectura del post de Diego Beas “Obama configura su contraofensiva“), circunstancia a lo que no es ajena, como han destacado numerosos analistas, la dimisión de su jefe de gabinete, William Daley, un moderado–; y que los republicanos siguen a la búsqueda de su líder electoral, lo que realizan en la peor de las situaciones imaginables, polarizando a sus propios votantes (y esto puede tener un serio coste electoral en noviembre de este año) al obligarles a elegir uno de sus dos polos ideológicos, el ultraconservadurismo de Rick Santorum o el pragmatismo conservador de Mitt Romney. En Iowa ambos han conseguido un empate virtual (el 25% de los sufragios), favorable a Romney por tan solo 8 votos.

Además de Michele Bachmann, el otro gran perjudicado en Iowa ha sido Newt Gingrich, que ha obtenido el 13% de los votos (resultados de Iowa). Sólo un mes antes del Caucus, el Pew Research Center constataba en un informe el claro dominio de Gingrich en la cobertura mediática de las primarias republicanas (obtenía casi el doble de noticias que Romney). Otro informe, del 13 de diciembre, del Pew Research Center señalaba también a Gingrich como el candidato con más apoyo entre los votantes probables en el Caucus, con 14 puntos de diferencia sobre Romney (si bien el informe llamaba la atención sobre el tibio apoyo de los electores a ambos candidatos).

Mucho se ha especulado sobre las razones de la inesperada debacle del antiguo Presidente de la Cámara de Represen-tantes entre 1995 y 1999, autor (en realidad, uno de ellos) del programa electoral Contrato con América, que inspiró la “revo-lución republicana” que en las elecciones intermedias de 1994 terminó con cuatro décadas de mayoría demócrata, y “Hombre del Año” para la revista Time en 1995.

Lo cierto es que como candidato en estas primarias, Gingrich ha sido tan cambiante como en el resto de su dilatada trayectoria política. Por más que se empeñe, resulta difícil –y en ocasiones, del todo imposible– “fijarle el foco”. Para unas cuestiones resulta excesivamente liberal para los votantes republicanos –como en el caso de la inmigración– y para otras –de manera especial en lo que atañe a la moral–, demasiado conservador (lo que no deja de ser llamativo en alguien con un rosario de matrimonios y una retahíla de amantes reconocidas).

En un interesante artículo publicado en Huffington Post, Mark Blumenthal apunta una explicación diferente. Según Blumenthal, ésta habría que buscarla en la campaña de spots negativos con que Newt Gingrich fue bombardeado por sus rivales de partido. De acuerdo con los datos aportados por un informe realizado por Campaign Media Analysis Group, una división de Kantar Media que monitoriza la cobertura mediática de las primarias republicanas, el 45% de los spots emitidos durante el mes de diciembre en Iowa fueron anti-Gingrich, frente a sólo un 6% pro-Gingrich (20% anti-Romney y 10% pro-Romney; 8% anti-Perry y 8% pro-Perry; y 3% pro-Paul).

Aunque Mark Blumenthal no llega a afirmar de manera categórica que la causa del fracaso de Gingrich en el Caucus de Iowa haya sido esta monumental campaña de spots negativos –también reconoce que la cobertura mediática del antiguo Presidente de la Cámara de Representantes ha contribuido a abrir otros frentes en su credibilidad como candidato–, desde luego lo insinúa a partir del análisis de tres indicadores básicos. En primer lugar, las oportunidades que un televidente medio tuvo de ver estos spots durante el pasado mes de diciembre, entre 60 y 80 veces. En segundo lugar, la presión ejercida por la campaña televisiva contratada por los candidatos, que alcanzó niveles de GRPs (Gross Rating Points, una unidad de medida utilizada en publicidad para contabilizar el número de impactos por cada cien personas de la población considerada público objetivo) muy superiores a los habituales en campañas televisivas al uso (la presión publicitaria se midió en tres lugares diferentes, la capital Des Moines y las ciudades de Cedar Rapids y Waterloo). Y por último, la evolución del apoyo a Gingrich tanto a nivel nacional como en Iowa, que registró una curva ascendente y con valores similares –en torno al 20%– hasta la tercera semana de noviembre, para seguir ascendiendo –si bien más rápidamente en el país que en Iowa– justo hasta comienzos de diciembre, en que coincidiendo con la emisión de los spots negativos la confianza en Newt Gingrich se desplomó. Un descenso que, de alguna manera, vendría a validar la hipótesis apuntada en su artículo por Blumenthal, pues la caída ha sido sensiblemente mayor en Iowa (casi 15 puntos) que en el conjunto del país (casi 9 puntos).

De entre los numerosos spots anti-Gingrich que nos han dejado las primarias de Iowa hemos seleccionado un par de ellos, ambos costeados por la Plataforma Restore Our Future, que apoya la candidatura de Mitt Romney.

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Daisy Ad: tres versiones de un clásico

Daisy Ad (utilizo el nombre habitual en youtube; el original es Peace, Little Girl) ha pasado a la historia como el spot electoral más polémico jamás filmado. Incluso para muchos especialistas, Daisy Ad inauguró una nueva categoría de comunicación electoral: la campaña negativa (lo que es verdad pero sólo hasta cierto punto, algo sobre lo que volveré en otro post).

Su pase –¡una sola vez!: el 7 de septiembre de 1964– en uno de los intermedios publicitarios del programa NBC Monday Night at the Movies –aquel día se emitía la película de tema bíblico David y Betsabé (1951), dirigida por Henry King e interpretada por Gregory Peck y Susan Hayward– provocó tal conmoción y fue tal el número de protestas –entre otras, la del senador Everett Diksen afirmando que el spot violaba “cualquier código ético” o la de Dean Burch, presidente del Comité Nacional Republicano, para quien Daisy Ad era “un libelo contra el candidato republicano a la presidencia del país” diseñado con el único propósito “de despertar emociones básicas” (este último juicio es del todo correcto)–, que el Partido Demócrata y su candidato a la reelección presidencial, Lyndon B. Johnson, decidieron retirarlo de la campaña (quienes estén interesados en conocer con más profundidad los entresijos de Daisy Ad pueden saciar su curiosidad en la web de Conelrad).

Aquel día, casi 50 millones de espectadores estaban disfrutando de la película de la NBC y quienes no vieron el spot pronto se enteraron de su existencia a través de los informativos en radio y televisión y de las noticias en la prensa escrita. Que Daisy Ad únicamente se pasara una vez antes de ser inmediatamente retirado, no hizo otra cosa que aumentar el interés en torno a él. Para bien o para mal, los estrategas publicitarios de la campaña del presidente Johnson habían cumplido su objetivo, que no era otro que asociar en la mente de los electores la persona del candidato republicano, Barry Goldwater, al peligro de una guerra nuclear.

Todavía hoy es un lugar común entre muchos especialistas de la campaña electoral que enfrentó a Johnson y Goldwater considerar Daisy Ad como un factor decisivo en la victoria demócrata de 1964. A ello contribuyó no sólo las muchas cualidades de Daisy Ad –muy pocos spots electorales como éste han sabido manipular con tanta eficacia un “estado de opinión latente”– sino también los temores y dudas que despertaba en buena parte del electorado del país el “duro” candidato elegido por el Partido Republicano para competir con el sucesor del asesinado presidente John F. Kennedy.

Si bien es cierto que muchas de las opiniones de Barry Goldwater eran compartidas y apoyadas por buena parte de sus conciudadanos –cada vez más preocupados por el inexorable avance del comunismo en el mundo–, no lo es menos que en el interior de estas polémicas opiniones –como su defensa del uso de armamento nuclear de baja intensidad y radio limitado en operaciones militares tácticas– se escondida una potencial y letal amenaza para los intereses electorales del Partido republicano, que Daisy Ad no hizo sino sacar a la luz para mostrarla en toda su crudeza (y en la pupila de la inocente mirada de una angelical niña). Daisy Ad, pero también las circunstancias y una inesperada actriz en este drama electoral: la esposa de Barry Goldwater.

Poco más de un mes antes de la emisión del spot, el 2 de agosto de 1964, había tenido lugar el “incidente del golfo de Tonkin”, en Vietnam, y sólo tres días después, el bombardeo de la flota naval norvietnamita y la destrucción de las instalaciones petrolíferas en Hon Gai, que marcaron el inicio de la intervención estadounidense en aquel remoto país asiático y una escalada imparable en la Guerra Fría. Para colmo, la esposa del candidato republicano reveló en una entrevista que su marido había tenido varios episodios de crisis nerviosas en su juventud. ¿Un desequilibrado en pleno aumento de la tensión entre los dos bloques y con el botón nuclear tan cerca de su nervioso dedo? Daisy Ad facilitó la respuesta a la opinión pública norteamericana.

Convertido en todo un clásico –primus entre pares de los spots electorales–, Peace, Little Girl ha sido una inagotable fuente de inspiración, sobre todo en su variante más apocalíptica (ni que decir tiene que todas versiones que conozco distan mucho de alcanzar la perfección del original). Del catálogo existente, he escogido tres ejemplos (uno de 2007 y dos de 2010).

El primero es un spot del partido verde australiano (The Greens) para las elecciones federales de 2007, que intenta demostrar en toda su crudeza las consecuencias de ignorar el cambio climático.

El segundo, de 2010, es un spot promovido por AmericanValuesNet en el marco de su campaña de concienciación a favor de la firma del Tratado de Reducción de Armas Atómicas, conocido como START III.

El último es un spot de las elecciones intermedias (2010) al Congreso de EEUU de Bill Cooper, candidato del Partido Republicano al 2º Distrito de Michigan. Aquí, el apocalipsis viene de la mano de la crisis financiera.

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México 2012: arrancan las presidenciales

Ayer domingo comenzó oficialmente la campaña a las presidenciales de México. Las más reñidas y temperamentales de toda Latinoamérica; por lo menos, hasta la fecha. Baste recordar que en las anteriores, celebradas en julio de 2006, el Partido de Acción Nacional (PAN) y su candidato y actual presidente del país, Felipe Calderón, consiguieron una polémica y judicializada victoria por apenas un par de centenares de miles de votos. Todavía hoy, casi seis años después, el perdedor y por entonces líder de la coalición Por el Bien de Todos, José Manuel López Obrador (AMLO), se sigue autoproclamando “el presidente legítimo de México” (AMLO dejó para la posteridad su versión de los hechos en el película-documental Fraude México 2006, dirigida por Luis Mandoki).

Estratégica y formalmente, las presidenciales mexicanas también son las más “americanizadas” del subcontinente. Desde los tiempos de la presidencia panista de Vicente Fox (2000-2006), los asesores políticos vinculados al Partido Republicano de EEUU son un factor esencial y determinante en la estrategia electoral del PAN. A su creciente influencia se atribuyó, por ejemplo, el giro “negativo” en la campaña de 2006 –materializado en una serie de spots negativos (“campaña negra”, en el argot político mexicano), que calificaban a AMLO de “peligro para México“– y que, a la postre, junto a otros errores “de bulto” de AMLO, permitió a Felipe Calderón remontar las encuestas y ganar por la mínima aquellas presidenciales.

También ayer, todos los partidos y coaliciones de ámbito nacional (PAN, PRI, PRD, Partido Verde y Nueva Alianza) dieron a conocer sus primeros spots electorales, cuyo número –nadie lo duda– será superior incluso al de las presidenciales de 2006, circunstancia que entonces hizo saltar todas las alarmas. Por el momento, ya corre en Twitter una cifra mareante para el consumo de este de tipo de propaganda política en nuestro país: más de 43 millones de spots hasta el próximo 27 de junio de 2012, a un ritmo de unos 225.000 cada día.

Como era previsible, y tras los estragos con que concluyeron las anteriores, el inicio mediático de estas presidenciales se ha ajustado al buen tono y cordura políticos. Sólo en los anuncios del PAN, inmersos en una suerte de primarias para decidir su candidato a la presidencia, que concluirán el 18 de febrero del próximo año, aparecen imágenes de políticos (de los tres concurrentes en el proceso: Josefina Vázquez Mota, Santiago Creel y Ernesto Cordero). En el resto de los spots, los ejes de la competencia electoral se fijan mediante el recurso a actores (por lo general, en escenas cotidianas) y diversas técnicas persuasivas (docudrama, sarcasmo…).

Spot PAN Precampaña 2012 – Barrer la casa

Spot PRD – Precampaña 2012

Spot PRI – Precampaña 2012

Spot 2 PRI – Precampaña 2012

Spot Nueva Alianza – Precampaña 2012

Spot 1 Partido Verde – Precampaña 2012

Spot 2 Partido Verde – Precampaña 2012

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